
Lengua del amerindio,
Lengua de mis indígenas, elogio
Los vivos resplandores de la cifra
Nombradora del mundo fabuloso.
Umbral de lo sagrado y cotidiano,
hondo bosque sonoro,
Breña de la cadencia,
la liturgia primitiva de un largo territorio.
Elogio de la lengua aborigen
Luis Ricardo Furlan
En la búsqueda de un nuevo modelo de crecimiento, el Mercado Común del Sur (Mercosur) nació a partir de una necesidad regional de formar un gran espacio económico: la creación de una fuerza conjunta superior a la de los países miembro en forma individual, para afrontar la globalización. «Frente al nuevo contexto internacional y regional, los esquemas de integración aparecen como estrategias correctas, en cuanto pueden contribuir a mejorar la capacidad externa y a generar mayor dinamismo económico y social. La integración es la estrategia concebida para el desarrollo nacional y regional y para la competitividad internacional»1. En consecuencia, un 6 de julio de 1990, después de la firma sucesiva de algunos acuerdos de complementación económica y de la adopción de nuevos criterios de modernización y competitividad, los gobiernos de Argentina y Brasil firmaron el Acta de Buenos Aires. Paraguay y Uruguay se unieron a este proceso en agosto del mismo año, lo que culminó en la firma del Tratado de Asunción para la Constitución del Mercado Común del Sur el 26 de marzo de 1991. Los dos instrumentos principales del tratado fueron: un programa de liberalización del comercio a lo largo de cuatro años y el compromiso de aplicar un arancel externo común hasta el 1 de enero de 1995.
Los países firmantes, que juntos abarcan un territorio de doce millones de kilómetros cuadrados, salían de largos procesos dictatoriales y aislamiento económico. A partir de la firma del tratado, los 203 millones de habitantes del bloque (la mitad de América Latina) se lanzarían a la libre circulación de bienes, servicios y factores productivos. Por aquella hora, los expertos coincidían en que «la integración en bloque parece ser la única opción viable para el desarrollo de sus países, descartándose toda salida solitaria».2
A medida que se daban nuevos pasos de consolidación, primordialmente en la Unión Aduanera, también se llegaba a la conclusión de que si bien se había reconocido la personalidad internacional del Mercosur (Protocolo de Ouro Preto, del 17 de diciembre de 1995), era imperiosamente necesario armonizar políticas y afirmar la identidad de bloque, «que únicamente puede darse con la implementación de una cultura de la integración».3
El Mercosur en cuanto unidad política, económica y cultural posee una entidad particular, muy diferente por ejemplo de la Unión Europea. Esta nació del firme deseo de las naciones que la integran y es fruto de un largo proceso que se fue afianzando a lo largo de un proyecto consolidado durante décadas de trabajo y aprendizaje mutuo. Asimismo sus bases culturales y lingüísticas parten de una realidad plurilingüe, muy diferente a la del Cono Sur latinoamericano. La cuestión de los idiomas, por ejemplo es resuelta en 1958, mucho antes de constituirse la Unión Europea, mediante la Resolución número 1 del Consejo de la Comunidad Económica Europea. Claro está que poco se hubiera podido avanzar en la consolidación de la Unión si la comunicación y el respeto por las diversidades lingüísticas no hubiese merecido tanta atención en el viejo continente y no se le hubiese otorgado a la traducción un lugar de privilegio para optimizar la integración.4
Mientras «la construcción europea es más que una forma de colaboración entre Estados miembros, es un acercamiento entre pueblos que tratan de adaptar conjuntamente sus sociedades a las nuevas condiciones del mundo, respetando los valores que constituyen su patrimonio común.»5, el Mercosur se concibe, en cambio, como un instrumento para acelerar los procesos de desarrollo económico con justicia social, convencido de la necesidad de promover el desarrollo científico y tecnológico de los estados partes.6
El Mercado Común del Sur nace, como ya dijimos, de una necesidad urgente de integración económica. Sus idiomas oficiales son el español y el portugués, ambos próximos pero aún así diferentes. El fenómeno lingüístico en particular pasa, entonces, en primera instancia, por el bilingüismo oficial en coexistencia con variadas lenguas nativas o aborígenes. Sabemos que la lengua en cuanto distintivo de la identidad nacional de los países constituye uno de los elementos de integración esenciales. El Mercosur está formado por tres países: Argentina, Uruguay y Paraguay de habla española (cinco si contásemos a Chile y Bolivia) y uno de grandes dimensiones geográficas y preeminencia económica de habla portuguesa: Brasil. A simple vista, y considerando que la mayor cantidad de países son de habla hispana, parecería que la prioridad lingüística debiera ser otorgada al español. Ahora bien, por otra parte, escucharemos que la mayor cantidad de personas en Sudamérica son hablantes de portugués, por lo que desde otra perspectiva, la del mercado, pareciera que la prioridad lingüística debiera ser concedida a este idioma. Brasil es, ciertamente, el único país del Cono Sur que habla un idioma diferente y que tiene antecedentes imperialistas particulares (recordemos que la propia Corona portuguesa se instaló en su territorio a comienzos del siglo XIX), pero que cuenta con 160 millones de habitantes. Por otra parte, más de quince millones de brasileños son descendientes directos de españoles. La colonia española en Brasil reúne a 80 000 personas y es la cuarta en América Latina. España avanzó al primer puesto de los inversores mundiales en Brasil. Estas cifras son simplemente para dar cuenta de la indudable importancia que reviste el idioma español en el único país no hispanohablante del bloque, y de lo inmenso de su mercado7. En el futuro, otros idiomas podrán fortalecer su incidencia si tenemos en cuenta las tratativas hacia un mercado común extendido (ALCSA) o tendientes al ALCA. De hecho, y dejando de lado las diferencias de opinión, el español y el portugués del Brasil conviven como lenguas referenciales y han de convivir en un marco de complementación y enriquecimiento mutuo y de creciente conocimiento de culturas e idiosincrasias.
La exposición a la lengua española en el extenso territorio brasileño es muy diversificada. Existen regiones de intenso contacto, ciudades donde una calle separa países y lenguas (como Rivera, entre Brasil y Uruguay) y, por lo tanto, los contactos lingüísticos crearon una lengua vehicular o de comunicación. Es el caso del portuñol, mezcla de portugués y español en la frontera entre Uruguay, Argentina y Brasil, que como lengua de contacto se ha extendido a todos los casos de intercambio entre estos países cuando los interlocutores no dominan correctamente los dos idiomas. También está el brasiguayo, mezcla de portugués y guaraní en la frontera de Mato Grosso y Paraguay. El fenómeno brasiguayo es resultado del asentamiento de familias brasileñas en las tierras del Paraguay, cercanas a la frontera.
Especialmente el tan difundido y espontáneo portuñol ha creado entre sus hablantes mercosureños la sensación de que a partir de su aparente dominio, resulta un conocimiento profundo del portugués y del español. Nada más alejado de la realidad. En aras de la comunicación inmediata o «comprensión mágica» dada por la proximidad de ambas lenguas, con esta apreciación se deja de lado la necesaria profundización en el conocimiento de ambas lenguas oficiales, y por ende, de las culturas que representan. Aquí, la política europea de fortalecer la diversidad como vehículo para hacer lo propio con la unidad puede, sin duda, servir de ejemplo al Mercosur y a su bilingüismo.
En el mismo orden de ideas, tampoco debemos pasar por alto que en el Mercosur existen regiones con intensa inmigración proveniente de diferentes países europeos, por ejemplo en las regiones sur y sudeste del Brasil, de italianos, alemanes y japoneses. Es en las fronteras donde se lleva a cabo el intercambio lingüístico más intenso. En todos los casos referidos, la traducción profesional debe ser promovida para fortalecer lazos y culturas.
Para realizar un análisis de la actividad traductora como fuerza integradora de la economía y la cultura en el Mercosur era necesario tener en cuenta el mapa social y cultural referido, así como también realizar alguna reflexión histórica. La demanda de traductores en nuestro territorio es tan antigua como el surgimiento del Nuevo Mundo, ya que ellos desempeñaron un papel relevante, por qué no decisivo, en el desarrollo económico e histórico de las nuevas regiones. En 1492, cuando los océanos eran espacios peligrosos de continente a continente, vinculados por los barcos como único y frágil nexo, las culturas vivían aisladas unas de otras. El enorme esfuerzo de atravesar estas distancias solamente se llevaba a cabo porque existía la promesa de algún objeto comercial relevante como el oro, la plata o las especias. «A partir de esta fecha, cuatro continentes que antes se desconocían, empiezan a tener noticias los unos de los otros. El año 1492 inaugura simbólicamente... el comienzo de una historia realmente universal»8.
Los reinos de España y Portugal habían puesto su proa en dirección al continente americano y establecieron sus colonias, principalmente, en el centro y el sur de este territorio. Siguieron años de colonización, en los que también se conoce la participación activa de algunos personajes menos famosos, pero aún así valiosos e influyentes. Eran los conocedores de los idiomas de las nuevas regiones quienes como «lenguas» o «faraútes», más adelante como «intérpretes» o «lenguaraces» hablaban el idioma de los indígenas. La palabra lenguaraz es de origen español, y el diccionario de la Real Academia Española la define así: «Conocedor de dos o más lenguas / Desvergonzado, atrevido en el hablar».9 Estos «atrevidos» son la referencia histórica de los traductores e intérpretes del Nuevo Mundo. De esta época datan, entonces, los primeros indicios sobre traducciones e intervenciones de intérpretes entre aborígenes y descubridores, y por ende, de la entrada del español en nuestras tierras. La historia avanzó a paso inexorable y los antiguos virreinatos (suerte de «regiones» puramente administrativas) se fueron desgranando para dar paso a nuevos países que a partir del siglo XIX buscaron afanosamente su afianzamiento e independencia cultural y económica. En este punto vienen al caso algunas impresiones sobre la importancia económica que aquellas regiones distantes ya tenían antiguamente.
En Brasil, por ejemplo, «... había tierras y oportunidades para quien quisiera trabajarlas. En 1808 Río de Janeiro contaba con 60 000 habitantes y crecía de prisa. Hacia 1820 la población ya llegaba a 120 000. De un observador británico conocemos una clasificación reveladora de la población de la ciudad: «1 000 miembros (incluso los criados), 1 000 empleados oficiales, 1 000 capitalistas y plantadores rentistas, 500 abogados, 200 médicos, 1 040 comerciantes más 4 000 empleados, 1 250 mecánicos, 100 vendedores callejeros, 200 pescadores, 12 000 soldados, 1 000 marineros, 1 000 negros libres, 12 000 esclavos y 4 000 amas de casa. Ya había una magnífica biblioteca nacional de 60 000 volúmenes (1814), una escuela médica (1816) y una imponente Misión Cultural Francesa (1818)».10 Por aquella época, los ingleses influían decisivamente en la economía del país y los franceses se mostraban activos infiltrando la cultura, especialmente la arquitectura.
Paraguay, por su parte, «era una entidad natural a la cual podía accederse, desde la boca del Plata, gracias a un solo río. La independencia de la provincia de Paraguay se firmó en 1811. Dos años más tarde, se designó a Francia como uno de los dos cónsules a quienes se encomendó el gobierno del nuevo país...11 A partir de entonces la línea de gobierno de Paraguay se caracterizó por una marcada tendencia a la limitación de los contactos con los países extranjeros, tanto en lo cultural como en lo económico.
En la historia de Argentina, que se separó de España en 1810 y se independizó en 1816, los años 1815 a 1830 fueron decisivos. «En 1815, menos del nueve por ciento de su población había nacido en el extranjero. Después llegó la avalancha: italianos de Génova, españoles de Galicia y el País Vasco, franceses, escoceses, irlandeses, galeses e ingleses. Hacia 1822 Buenos Aires ya era una gran ciudad de 55 416 habitantes, con un índice de crecimiento anual de 2,6 por ciento. Para sostener esta creciente población de inmigrantes, había que explotar de prisa las pampas: hacia 1829 los cueros y la carne salada ya constituían el 65 por ciento de las exportaciones totales»12. Bien conocido es el papel de Canadá y Estados Unidos, Argentina y Uruguay, Australia y Nueva Zelanda hacia la década de 1880, en los que estos seis países representaban el 30 por ciento de todas las exportaciones mundiales de alimentos, y más de las tres quintas partes de las exportaciones de trigo. A partir de 1880 se desarrollaron la industria frigorífica y los servicios de trenes, agua, gas y luz apoyados por capitales del viejo continente.
Entre 1830 y 1930, casi diez millones de personas llegaron al Cono Sur provenientes de Europa. Esta corriente migratoria tuvo un impacto decisivo en el desarrollo político, socio-económico y demográfico de todos los estados que integran el Mercosur. En este momento de la historia, la figura de los traductores e intérpretes locales ganó actualidad a partir de la necesidad de comunicarse con los inmigrantes que llegaban al continente y que, contribuirían a la generación de riquezas de los jóvenes estados. Desde entonces, en Argentina y Uruguay, por lo menos, la profesión traductora se asocia en gran medida a la traducción jurídica, con la generación y gestión de documentación de contenido legal. Ambos países son, los más integrados en materia de derecho, especialmente de derecho internacional privado. Esta realidad es, en cierto, grado extrapolable al Paraguay.
Este fuerte vínculo entre el derecho, la inmigración y la traducción llevó a la creación de así llamados Colegios o consejos profesionales. Se trata de figuras jurídicas muy características y poco repetidas como tales en el resto del mundo.
Precursor fue el Uruguay que posee su Colegio de Traductores Públicos a partir del año 1950, precedido, a su vez, por la Asociación de Traductores Públicos creada en 1932. En la década de 1950, el traductor público poseía gran prestigio en este país; en aquel entonces sus prácticas profesionales tenían su fundamento, en gran medida, en las propias de la actividad notarial, especialmente en lo que hace a los aspectos formales de la labor, por lo que no era infrecuente atribuir al traductor público la función de «escribano de los extranjeros». La institución cuenta hoy con aproximadamente 300 afiliados activos. La mayoría de los graduados afiliados al Colegio uruguayo son traductores de inglés (78%); siguen luego los de francés (aprox. 40%); después los de italiano y portugués (aprox. 21%); luego los de alemán (aprox. 6%) y los restantes idiomas de representación minoritaria.
En el Uruguay, la carrera se cursa en la Universidad de la República, e igual que en Argentina, su duración es de cuatro años y sus contenidos lingüísticos y jurídicos se aproximan bastante a los contenidos dictados en el traductorado público de la Universidad de Buenos Aires.13
En la Argentina, el Colegio de Traductores Públicos de la Ciudad de Buenos Aires fue creado en el año 1973, también como sucesor de una asociación civil preexistente y de antecedentes que datan del año 1868. El ejercicio de la profesión de traductor público está reglamentado por la Ley 20.305 en todo el territorio de la Capital Federal (Ciudad Autónoma de Buenos Aires) y frente a los poderes del estado nacional y sus dependencias. La matrícula del Colegio de Buenos Aires asciende a más de 4.000 traductores. En las provincias argentinas de Córdoba, Santa Fe y Catamarca existen leyes de características similares, que establecen la matriculación obligatoria. La matrícula de estos tres Colegios suma otros 1 000 colegiados. Los cuatro colegios se han reunido hace dos años para formar la Federación Argentina de Traductores (FAT). Los colegios o consejos profesionales tienen a su cargo el control de la matrícula del traductor público por delegación de facultades del Estado, realizan legalizaciones de firmas y efectúan gran cantidad de actividades de formación de posgrado y conducentes a la jerarquización profesional. En el Colegio de Buenos Aires encontramos representados 35 idiomas diferentes. El ejercicio de la traducción pública, que da prioridad al ejercicio de la profesión en forma independiente, se extiende a todo tipo de documentación, no sólo a la de contenido jurídico, en cuya traducción a otro idioma se deba dar fe del contenido del documento fuente.
Se trabaja, principalmente del idioma extranjero al español, aunque muchos traductores argentinos que manejan dos lenguas como lenguas maternas, también son requeridos para trabajar al idioma extranjero. Cada año, el Colegio de Traductores Públicos de la Ciudad de Buenos Aires registra 6 100 traducciones públicas que comprenden los idiomas español y portugués. Estas traducciones se distribuyen en forma homogénea entre los documentos personales y los comerciales. El total anual de traducciones públicas legalizadas a partir y hacia todos los idiomas de la matrícula llega a 62 000 por año.
De todo ello se deduce que las corrientes migratorias dentro de la región («intrazona»), tanto de profesionales como de empleados y operarios de distintas actividades, generan un intercambio que conlleva la presentación de documentos acompañados de una traducción en todos los actos que creen o modifiquen derechos. Asimismo, el intercambio comercial e industrial también trae aparejado la circulación de papeles de comercio que deben cumplir con el mismo requisito. De lo expuesto surge que tanto los documentos de tipo personal (certificados de nacimiento, de matrimonio, cédulas de identidad, pasaportes, etc. en el ámbitos de los documentos personales), como así también de estatutos, contratos sociales, balances y poderes, en el ámbito de la actividad comercial dan el perfil de la actividad principal que desarrolla el traductor de español y portugués en la región. Esta intensa actividad no tiene otro sustento que el de responder a la obligatoriedad de la traducción de documentos oficiales establecida en varios protocolos del Mercosur.
En este sentido, podemos citar el artículo 10 del «Protocolo uruguayo-argentino sobre igualdad de Trato Procesal y Exhortos», que exige que los exhortos y la documentación adjunta sean acompañados de traducción al idioma del exhortado. Esta norma atiende la situación de las rogatorias recibidas o libradas desde o hacia el Brasil.
La norma obligatoria ha sido flexibilizada recientemente para el grupo de los documentos personales intrazona con el ánimo de acordar soluciones jurídicas para el fortalecimiento del proceso de integración y eliminar en forma gradual los trámites de entrada, salida y estadía en los estados partes y asociados en diciembre de 2000 se firmó el «Acuerdo sobre exención de traducción de documentos administrativos para efectos de inmigración entre los estados partes del Mercosur, la República de Bolivia y la República de Chile» (MERCOSUR/CMC/DEC N.° 45) en las versiones en español y portugués. La exención se aplica a los documentos presentados a efectos de trámites migratorios referentes a solicitud de visa, renovación de plazo de estadía y concesión de permanencia.
Volvamos un instante a los estudios universitarios para mencionar que la carrera de traductor público es una carrera universitaria larga de cuatro años de duración, que en la Argentina se puede cursar en 16 universidades nacionales y provinciales.
En el plano de la educación terciaria, en el Instituto Superior de Lenguas Vivas Juan Ramón Fernández de la ciudad autónoma de Buenos Aires se dicta la carrera de traductor científico-literario, que forma traductores con esta orientación. Los traductores literarios y técnicos, por su parte, están agrupados en la AATI (Asociación Argentina de Traductores e Intérpretes).
Mientras en la Argentina y en el Uruguay, la traducción se estudia como carrera de grado, en el Brasil estos estudios se realizan en el posgrado en así llamados «cursos». La profesión no se encuentra reglamentada como otras profesiones liberales, por lo que los traductores no tienen que ser graduados ni en traducción ni el letras. Muchas editoriales o empresas que deciden contratar traductores consideran irrelevante la formación y suplen la solicitud de antecedentes académicos por pruebas de traducción. Numerosos estudiantes de traducción trabajan luego como profesores al final del curso, especialmente en inglés y español. Los estudiantes son muy requeridos porque su nivel de conocimiento en lengua extranjera se considera mejor que el de los alumnos de letras.
Hemos comentado más arriba, que en Brasil, la traducción se estudia en los así llamados «cursos». El primer curso universitario del área de traducción en Brasil surgió en 1968, en la Universidad Católica de Río de Janeiro. El curso se abrió como parte de una tendencia mundial de la década de 1960 y se dirigía a la clase media-alta carioca. En estos momentos existen unos 18 cursos terciarios de traducción en Brasil, sobre los que encontramos algunos datos sumamente reveladores. Un conocido traductor realizó una encuesta entre tres altas casas de estudios donde se dictan los mencionados posgrados. Llegó a la conclusión de que la mayoría de los estudiantes realizaban el curso para adquirir o mejorar sus habilidades lingüísticas o para tomar contacto con una cultura extranjera. Una pequeña minoría asiste a los cursos para ser traductor o intérprete profesional o para perfeccionar sus habilidades de traductor. La encuesta también concluye que los cursos de traducción exigen notas más altas para ingresar que en las carreras de letras.14
En Brasil no hay universidades formadoras de intérpretes judiciales ni de traductores públicos. Ambas incumbencias sólo pueden ser ejercidas por personas que hubieran aprobado exitosamente una serie de exámenes orales y escritos a través de un proceso de selección pública. La licitación es efectuada por las respectivas cámaras de comercio del estado federal respectivo (Juntas Comerciais dos Estados). Las juntas coordinan el procedimiento de examen y determinan cuántos intérpretes y traductores son necesarios y para qué idiomas. Luego de aprobar el examen, las cámaras otorgan un título de Traductor Público e Intérprete Comercial y las facultades de ejercicio, de corte casi notarial. El título es válido en el respectivo estado. Los intérpretes judiciales de Brasil, en realidad, son llamados intérpretes comerciales, un título que se remonta al ejercicio de la profesión durante la época colonial y del imperio, porque en aquella época, los intérpretes actuaban especialmente en misiones comerciales y de negociaciones dentro de los puertos brasileños por parte de hombres negocios y autoridades. Las cámaras de comercio de Brasil dependen, por lo general, de las respectivas autoridades de industria y comercio, y además, ejercen una potestad verificadora, seleccionadora, de vigilancia y decisoria respecto de los servicios de traducción e interpretación. Por otra parte establecen honorarios que son vinculantes.15
La agrupación de traductores públicos de Brasil más grande es la Associaçâo Profissional dos Tradutores Públicos e Intérpretes Comerciais de Sào Paulo (ATPIESP). También encontramos al SINTRA (Sindicato Nacional dos Tradutores). Esta entidad que ha adoptado la figura jurídica de un sindicado, fue fundada el 30 de noviembre de 1999 y representa a los traductores e intérpretes en todas sus modalidades en todo el territorio brasileño. Agrupa traductores en más de 40 idiomas. Del total de traductores registrados, encontramos 52 que traducen al español y 146 al portugués. El 3 de diciembre de 1999, los miembros del SINTRA, en carácter de miembros fundadores, decidieron la constitución de ABRATES, Associaçâo Brasileira de Traductores, como una nueva entidad bajo la figura de una asociación civil, que congrega a los profesionales e instituciones que operan en el área de la traducción en todas su modalidades. Su sede está la ciudad de Río de Janeiro y en estos momentos está concentrada en llevar a cabo un ambicioso programa de acreditación de traductores.
Por otra parte, también existen otras asociaciones como la Associaçâo Brasileira de Pesquisadores em Traduçâo, ABRAPT, que funciona al amparo de la Facultad de Letras de la Universidad de Minas Gerais, y APIC, Associaçâo Profissional de Intérpretes de Conferêrencia, pero de representatividad muy puntual.
En la República de Paraguay, que cuenta con 4 900 000 habitantes, la situación de la traducción es muy difícil de evaluar. Desde el punto de vista lingüístico se da una situación particular, ya que su población habla, en un 7% solamente el español y en un 37% solo el guaraní. El 50% es bilingüe español-guaraní y el 6% habla otras lenguas. El idioma español es el idioma oficial de la administración y de la educación, especialmente de la educación superior, que maneja además, los idiomas inglés, alemán y francés. Con la Reforma Educativa de 1992 se ha introducido la enseñanza de la lengua guaraní en la educación elemental o primaria, así como las nuevas grafías normalizadas por el Ministerio de Educación. Las universidades desempeñan un papel muy importante como motores de la actividad terminológica a través de sus institutos de lenguas.16
Mediante el «Protocolo de integración educativa sobre el reconocimiento de títulos universitarios» del 30 de noviembre de 1995 se acordó que los estados partes del Mercosur reconocerán los títulos universitarios de grado (cursos mínimos de cuatro años de duración) otorgados por las Universidades reconocidas de cada país al solo efecto de la prosecución de estudios de posgrado. De lo expuesto se infieren claras asimetrías en la educación universitaria de traductores e intérpretes entre los socios del mercado común, que en algún momento deberán ser motivo de tratamiento en el plano gubernamental educativo: La prioridad debe ser dada al «traductor profesional» con formación puntual, que nunca podrá ser reemplazado por el «traductor accidental».
Más allá de los aspectos gremiales y educativos, para los profesionales de la información, entre los que ciertamente están incluidos los traductores, el Mercosur abrió un nuevo escenario laboral caracterizado por la «libre circulación de profesionales» junto con la «libre circulación de bienes y servicios», al que se suma el imparable avance de la tecnología de la información. La apertura de estas nuevas dimensiones excede un tratado, ya que han venido a instalarse más allá de la subsistencia del mercado común. La adopción del Acuerdo General sobre Comercio de Servicios (GATS) en la OMC y la inclusión de los servicios en la agenda de múltiples acuerdos comerciales servirá, sin duda, para el mejor aprovechamiento de los potenciales de este sector. Y para ello se necesitan traductores bien preparados.
Independiente de las características específicas de la traducción pública, nuestras sociedades dependen de la traducción, en general, para incorporar los avances de la ciencia y de la técnica, a su vez una condición imprescindible para la evolución socio-cultural y económica de los pueblos. Se estima que alrededor del 70% de las obras científicas y técnicas publicadas en América Latina son traducciones y a ellas sólo un pequeño porcentaje corresponde al castellano.
La incidencia de la traducción técnico-comercial ha sido indiscutidamente relevante para el desarrollo y la interacción económica de los países del Mercosur en sus diferentes modalidades de prestación: en el comercio intrafronterizo, en el consumo en el extranjero (turismo, seguros), y en el movimiento de personas físicas (para la ejecución de obras). Así por ejemplo, el proceso de privatización de las empresas estatales argentinas (servicios públicos, vialidad y energía) desarrollado en los últimos cinco años y ahora estancado, representó importantes volúmenes de trabajo para los traductores. Idéntica afirmación puede hacerse sobre la radicación de asentamientos industriales, especialmente en territorio brasileño (regiones norte, sur y sureste) y en todo intercambio regional en que no puede prescindirse de lenguaje preciso y donde las consecuencias económicas de un malentendido textual pueden generar altos costos operativos. El intercambio de productos intrazona (alimentos, calzado, textiles, automotores) ha sido también un motor de esta área de servicios, sin perjuicio de los productos de alta tecnología y equipos importados de otros países y destinados al desarrollo de la industria local que han requerido traducción a las lenguas oficiales. Los manuales de instrucciones industriales e informáticos son un buen ejemplo de ello.
Un sector destacado como motor de las actividades económicas y en los que la traducción tiene mucha incidencia (ya sea con intérpretes o con material de promoción), es el de ferias, exposiciones y congresos. Brasil vende 3 100 000 m2 de espacios destinados a exposición por año, y Argentina hace lo propio con 2 450 000 m2. En exposiciones en Argentina se ha invertido un promedio de 381,4 millones de dólares en los últimos cinco años, sin contar los congresos especializados. La participación de visitantes y expositores extranjeros en ambos países del Mercosur es alta. Por otra parte, la participación de Argentina en ferias y exposiciones del Mercosur ha alcanzado el 24% sobre el total de eventos internacionales en que participa. Los temas de exposición más atractivos han sido: libros, turismo, máquinas y herramientas, artesanía, alimentos, ganadería y plásticos. Todas ellas son cifras nada despreciables para una actividad de comunicación e intercambio tan importante.
En el mercado editorial también existen excelentes perspectivas. Según estimaciones de la Federación de Asociaciones de Editoras de España, el futuro mercado de libros en español en el mercado equivaldría a más de 1 000 millones de dólares. Brasil es ya el quinto mercado para los libros editados en España (detrás de Argentina y México). Este intercambio debe fortalecerse con Argentina y Uruguay, para que los niños brasileños conozcan los libros de María Elena Walsh y de Elsa Bornemann y para que los argentinos lean a Ruth Rocha o a Maria Clara Machado.17
En Argentina la producción de revistas especializadas es altamente interesante. Gran parte de ellas se distribuye en toda América Latina. Entre numerosos ejemplos, encontramos el de una revista de contenido religioso que se traduce desde el alemán al castellano con una tirada de 25 000 ejemplares todos los meses.
¿Cuál es la situación del Mercosur a la fecha? Expresar algo auspicioso resulta difícil a la luz de la profunda recesión económica de Argentina, de las devaluaciones repetidas de Brasil y de las desinteligencias en cuanto al camino conjunto que ambos países seguirán. Sin embargo, se ha coincidido en seguir adelante porque la integración regional, a las claras, ha aportado más beneficios que desventajas y nunca es provechoso desandar los caminos que tan trabajosamente se han ido imbricando. Hace poco, los mandatarios de Argentina y Brasil coincidían en la necesidad de concesiones mutuas porque la victoria de un solo país implicaría el fracaso de los dos y de todo el emprendimiento regional.
Por ahora, lo único real es el presente, y como hemos podido ver, el futuro se deberá resolver día a día. Los países del Cono Sur sabemos mucho de esto pero aún así no perdemos la esperanza de mejorar nuestras condiciones de vida y de honrar «la cadencia de la liturgia primitiva en nuestro inmenso territorio».